sábado, 19 de septiembre de 2015

Tarea interminable (Tarde de perros).

Llegamos a las 10am al Hospital General para que revisaran a Cecy, la chica de recepción se había ido a algún sitio y estuvimos casi 15 minutos en fila para que nos pudieran dar una ficha para que nos atendieran de emergencia. Por fin la atendieron y nos sentamos a esperar noticias Había un albañil reparando la rampa de entrada a emergencias, la única puerta donde puede uno entrar o salir de la consulta de emergencia es por una rampa angosta y un albañil estaba picando el concreto y comenzó a hacer el vaciado y texturizado para dejarla como nueva.
Yo lo observé preguntándome como iba a lograr ese santo hombre mantener intacto el concreto con la cantidad de enfermos, familiares y empleados que salían de esa puerta cada minuto. Con el paso de los minutos la respuesta llegó y se volvió unas cuatro o cinco horas de una comedia al más puro estilo gringo, algo así como "el albañil contra todos", "la rampa del infierno" o algo al estilo "Tarde de perros".
Y es que muchos salían distraídos y no podían evitar resbalar, poner los pies y dañar el impecable alisado que el pobre albañil trataba de terminar, él no decía nada y volvía a alisar el tramo. Los que esperábamos afuera avisamos a los que iban a entrar con gritos y señas como si fueran a caer a un abismo, pero los que venían desde adentro de emergencias no tenían tanta suerte.
Hasta un paramédico dio una caída y resbalón batido de cemento tan acrobática y espectacular que todos gritamos, nos miramos y quisimos sacar unas cartulinas de calificación estilo olimpiadas. El albañil volvió a alisar la rampa sin decir una palabra.
Todos aconsejábamos, ponga tablas, pongan un aviso adentro, avisen a los que van saliendo y en ese momento abrieron la puerta y un niño asomó medio cuerpo, el padre evitó que derrapara sobre la rampa, pescándolo en el aire y entonces la criatura vomitó sobre la rampa, un vomito rosado, mucho, mucho vomito rosado, el padre desapareció de nuevo dentro del hospital con el niño y todos miramos al pobre artesano suspirar y alisar el concreto: ¡Usando el vómito!Cuando por fin había terminado de alisar y dar acabado a la rampa, colocó pacientemente tablas y obstáculos, cuando una mujer que salia de emergencias saltó los obstáculos tal vez preguntándose qué diablos hacían unas tablas en medio de la ramp...¡Cuas! sobre el cemento.
Todos guardamos silencio, el hombre de la cuchara se levantó, tiró al suelo sus instrumentos y se dio la vuelta, sin decir una sola palabra. Pensamos que se había dado por vencido después de 4 o 5 horas de pelear con todos, pero no. Pensamos que iba a regresar con una AKA - 47 y asesinarnos a todos, por la tarde de perros que le estábamos dando, pero no: Se fue a fabricar más mezcla y terminar su trabajo. La rampa por fin quedo con algunos pisotones menores de algunos niños pequeños, y el hombre pudo retirarse a su casa.
Vaya una lección de persistencia.

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