Estoy convencida que la única forma de cambiar el rumbo de este país es a través de nosotras, las mujeres.
No es por hacer menos a toda la horda de hombres valientes, luchones y aguerridos defensores del pueblo contra las injusticias que hay en todo el territorio nacional, pero afrontémoslo, hay demasiada testosterona por ahi.
Las mujeres somos la mitad de los ciudadanos de este país. Nuestras luchadoras sociales deben enfrentar no solo lo que enfrentan los compañeros luchadores sociales, pero también deben luchar contra la discriminación, la segregación, la violencia, preocuparse por todos y educar a una nueva generación de mexicanos.
Y en esto último esta la clave.
Porque el problema no es el gobierno corrupto e impune, no es el descaro y petulancia de nuestros legisladores, no es ni siquiera el descaro y cinismo con que los criminales cometen sus fechorías protegidos por las autoridades. El problema no es el desamparo, la miseria y la injusticia en las que viven millones de conciudadanos, ni la discriminación contra mujeres, hombres, indigenas, discapacitados, homosexuales o cualquiera que le parezca a alguien distinto, no es la intolerancia ni la violencia.
El problema es que tenemos por un lado un montón de idiotas a quienes les faltó un buen numero de chancletazos, a quienes se les crió creyéndose merecedores de todo, sin responsabilidades, solo con derechos, sin valores ni principios, sin una pizca de conocimiento y práctica de lo que es el honor y la ética, quienes crecieron escuchando que alguien era un chingon porque tranzaba a gusto y otro era un pendejo por ser decente.
El problema es que tenemos a un montón de personas del otro lado que se les enseñó desesperanza adquirida, a permanecer agachados, a que tener un hueso era lo mejor que les podía pasar (como si fueran perros), a quienes se les enseño a obedecer y a mantenerse al margen, a ser apáticos, de esperar migajas del gobierno por un voto, de soportar pendejadas de los que se supone son sus servidores públicos y a echarle la culpa de su situación a otros: al gobierno, a los ricos, a Donald Trump, a quien sea, sin hacer nada al respecto y sin mirar la parte de culpa que tienen, a quienes se les enseño a solo preocuparse por los suyos, sin entender que todos somos mexicanos, asi que los otros ciudadanos "son de los suyos".
¿Dónde aprendieron estas nefastas variedades de mexicano a ser así? Lo habrán aprendido de donde sea y de donde quieran, pero creanme que les hizo falta una mujer con huevos. Llámese madre, esposa, novia, hermana, maestra, hija, las mujeres tenemos un poder increíble sobre la forma en que los hombres se hacen o deshacen, ellos lo saben, por eso nos mantienen al margen, por eso nos restan espacios, por eso nos mantienen con la creencia de que no nos alcanza la fuerza, tiempo, energía, visión o poder para hacer cambios, incluyendo el cambio en este país.
Lo que hace falta en este país son mujeres con cerebro, con huevos y mucho corazón que digan basta, esto cambia a partir de hoy.
¿Tienes lo que se necesita, mujer?
Malú
Malú Villarreal
Reflexiones, frases del día y crónicas
domingo, 16 de julio de 2017
sábado, 5 de noviembre de 2016
El poder de las palabras y el agua
Comprendamos el poder de las palabras, nuestro poder, el que nos hace vibrar para que nos salgan alas y volemos para alcanzar las metas o nos entierra en el pantano de nuestros propios decretos.
Soy poder, me amo, creo en mi, tengo fe, soy fuerte, soy suficiente. Repetirlo para hacer vibrar al Universo con nosotros, porque nuestras palabras nos dan o nos quitan el poder. Y ese es un hecho científico.
Malu Villarreal
domingo, 23 de octubre de 2016
Curriculum vitae Malú Villarreal Autora ilustradora
RESUMEN
Nace en
Monclova, Coahuila en 1972. Un día decidió vacacionar en el Caribe y, como dice
ella, después de 26 años aún sigue de vacaciones. Bióloga de formación,
analista, escritora, ilustradora, madre, empresaria y colectora de historias,
en los últimos años ha publicado 12 libros de temas diversos. Es una escritora
ecléctica que ha publicado todo tipo de libros basados en sus andanzas por las
comunidades del sureste de México, desde hace 25 años, trabajando en temas
sociales y ambientales, como profesión, y usando la oportunidad de introducirse
en la cotidianeidad de las familias con las que ha convivido a lo largo de ese
tiempo.
Explica que,
como las mandalas, sus Energidalas siempre serán un círculo porque el círculo
se cierra sobre sí mismo, representando la unidad, lo absoluto, la perfección.
Es símbolo del cielo en relación a la Tierra, de lo espiritual en relación a lo
material. Es protección. Que esté dentro de un cuadrado - los límites
exteriores de la Energidala -, agrega energía de permanencia, rectitud y
equilibrio a la manifestación energética dentro de ella.
En 2013 creo un
colectivo editorial, junto con otros escritores locales, para apoyar el
fortalecimiento de la cultura de edición y publicación y poner al alcance de
todo la oportunidad de publicar.
EMAILS
Escritora:
maluvillarreals@gmail.com
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Ilustradora:
maluilustradora@gmail.com
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Author page, Amazon.com
amazon.com/author/marialuisavillarreal
REDES SOCIALES
Malu
Villarreal autora editora
https://www.facebook.com/maluvillarrealautora/
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Malu
Villarreal Ilustradora
https://www.facebook.com/mluvillarrealilustradora/
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LIBROS PUBLICADOS
Colección libros de
colorear (terapia ocupacional para adultos)
El libro de Victoria: Libro de colorear, para mujeres en
combate. Frases positivas y mandalas para quienes necesitan un respiro en su
batalla por recuperar su salud (cáncer).
ISBN-13: 978-1522882008
ISBN-10: 1522882006
Corazones para mi amiga: Notas de agradecimiento y Mandalas
de Corazón para colorear
ISBN-13: 978-1523764839
ISBN-10: 152376483X
El camino de regreso a mí: Despertar espiritual en un libro
de colorear para mujeres
ISBN-13: 978-1519614421
ISBN-10: 151961442X
Literatura y ficción
No mente. Cuentos y poemas
ISBN-13: 978-1499675887
ISBN-10: 1499675887
|
Simiente. Versos de un ángel caído
ISBN-13: 978-1523996254
ISBN-10: 1523996250
|
Los Aluxes
ISBN-13: 978-1497379978
ISBN-10: 1497379970
|
Epístolas sin dueño
ISBN-13: 978-1523995134
ISBN-10: 1523995130
|
Crónicas del Océano Energético
ISBN-13: 978-1519255570
ISBN-10: 1519255578
|
Luciérnagas y Libélulas. Antología latinoamericana de
mujeres poetas
ISBN-13: 978-1530396146
ISBN-10: 153039614X
|
La selva útil: Autoconsumo, uso comercial legal e ilegal
de recursos naturales
ISBN-13: 978-1502351234
ISBN-10: 1502351234
UMA en vida libre. Visión integral. Experiencias y aprendizajes.
ISBN-13: 978-1537420738
ISBN-10: 1537420739
|
En campo
ISBN-13: 978-1499670899
ISBN-10: 1499670893
|
Recetarios
Cocina Comunitaria
ISBN-13:
978-1500924584
ISBN-10:
150092458X
Gourmet
Silvestre.
ISBN- 13: 978-1494846299
Libros en edición
·
PIMVS de Venado Cola Blanca. Gestión Integral y
Costos.
·
·
Carne Silvestre de Criaderos. PIMVS para
producción de carne.
·
Carne Silvestre de Monte. UMA en Vida Libre.
·
Aspectos básicos de Comercialización de vida
silvestre.
·
Gourmet Silvestre. Cocinando carne de Venado,
Jabalí y Tepezcuintle.
En reedición
·
En Campo. Anécdotas de Extensionismo y lecciones
para la vida.
·
La Selva útil. Uso de autoconsumo, legal, ilegal
de recursos naturales en Quintana Roo.
·
Humedales. Planificación de proyectos de restauración
y normatividad aplicable.
En integración 2016 - 2018
·
Anécdotas de trabajo en el manejo de vida
silvestre.
·
Apuntes de Carbono azul. Contexto de los
ecosistemas costeros como sumideros de carbono en el sureste de México.
·
Todo lo que quiso saber sobre regulaciones para
todo, en Vida silvestre.
·
Herramientas de planeación de proyectos de Vida
silvestre.
·
Costos para criaderos de fauna silvestre.
·
Producción y comercialización de palmas y
plantas de ornato silvestres. Un caso de estudio.
Proyectos Libros para
colorear para adultos, 2016 - 2019:
- Mi viaje. Terapia tanatológica / Cuento para colorear dirigido a niños en etapa terminal.
- El Libro de Mónica. Cómo lidiar con el dolor y otras emociones negativas. Padres que perdieron a sus hijos
- El Libro del Espejo. Cómo recuperar la fuerza interior y la autoestima. Mujeres que sufrieron (sufren) violencia intrafamiliar.
- El Libro del Amor Interior. Cómo navegar día a día en el mar de la Depresión. Para mujeres.
- El Libro de Luis. Cómo superar el dolor y el miedo. Pacientes con Mielitis Transversa.
- El Libro de Doña Cecilia. Cómo lidiar con emociones negativas y apatía, para pacientes con Diabetes.
- Miedo a las mujeres. 40 frases de autoayuda y fortalecimiento emocional para hombres.
- La Energía de las emociones I. Conociendo la energía de las emociones positivas. 40 Mandalas para colorear.
- La Energía de las emociones II. Conociendo la energía de las emociones negativas. 30 Mandalas para colorear.
- La Energía de las emociones III. Ritual amoroso. Conociendo la energía del acto amatorio. 30 Mandalas para colorear.
- Energidalas, universos contenidos I. Magia. La magia en nuestra vida diaria, 30 Energidalas para colorear y recuperar la fe.
- Energidalas, universos contenidos II. Sueños. La energía de los sueños., 30 Energidalas para colorear y recuperar la fe.
lunes, 10 de octubre de 2016
Una pregunta
Eduardo:
Cuando volvimos a coincidir
después de 30 años de no verte, no te acordaste de quien era yo, no porque
fuera parte de tus recuerdos perdidos por el golpe en la cabeza que te diste al
caer de un toro salvaje, era porque simplemente nunca siquiera me miraste en la
secundaria.
Nunca aparecí en tu radar.
Pero eso yo ya lo sabía. Siempre
trataba de darme valor para saludarte, me derretía verte sonreír, tus hoyitos en las mejillas me doblaban las rodillas (oye, tenía 12 años), pero tus ojos me traían loca, hacía planes maquiavélicos para tropezar contigo y siempre me
acobardaba. Te veía ahí, tan serio, siempre como enojado, mirando a la
distancia, por encima de mi cabeza, rodeado de tus amigos que eran como un
enjambre ruidoso que no dejaban a nadie acercarse (al menos a una nerd como yo
le aterraba intentar pasar a través de esa pandilla de socarrones), así que
nunca te diste cuenta que llegaba todas las mañanas esperando aunque fuera un par de minutos, verte en el receso.
A veces pienso, si sólo hubieses
mirado abajo en algún momento, habrías visto que ahí estaba yo. Acepto que pedí
permiso para salir a la dirección un par de ocasiones cuando estabas por enésima
vez castigado o te estaban haciendo un reporte, tal vez el numero 125 (de tus
300 y algo reportes que acumulaste). Siempre mirabas arriba, cuando estabas de
pie, y mirabas al suelo cuando estabas sentado, y yo no estaba ni en las nubes
ni en el suelo, estaba ahí, junto a ti, amor; me preguntaba que tanto pensabas
que estabas absorto, mientras yo trataba de que me notaras.
Te juro que por meses planeé
atacarte en la graduación, plantarme frente a ti y tocar tu hombro para que me
miraras una vez, una sola vez. ¿Qué pierdo si le digo que estoy enamorada de
él? Decirte que por casi dos años y medio fuiste la razón por la que me levantaba
con ganas de ir a la escuela (también me fascinaba la escuela pero tú eras una
motivación adicional), mirarte unos minutos al día, en la ceremonia de los
Lunes, en el patio a la hora del receso, jugando con tus amigos o castigado en
la prefectura me iluminaban el día, decirte que agonizaba pensando que tuvieras
una hermosa novia en casa, de la que tal vez estabas muy enamorado, en la que
tal vez pensabas mirando al cielo o al suelo ¿Qué es lo peor que puede pasar? Me
dije. Pero ese último día en la escuela te perdí de vista, y nunca más te volví
a ver.
Casi treinta años después volvimos a coincidir en el grupo
del whatsapp de amigos de la escuela, y pude cruzar una conversación contigo
por teléfono para contarle un cuento a Lalito, era apoyar a un amigo de la
escuela cuyo nombre me sonaba pero no tenías foto en tu perfil, comencé a
conversar contigo, sin saber que eras tú. Cuando me enviaste tu foto te juro
que no me caí porque estaba sentada en la cama, me sentí como cuando estaba en
la secundaria, estómago revuelto, manos sudorosas y las rodillas de gelatina
(me faltó el acné y el cabello tipo Mafalda, 30 años más vieja).
Ambos hicimos nuestra vida, hicimos cosas maravillosas,
tuvimos hijos hermosos y yo ya soy abuela. Y el destino decidió que volviéramos
a estar en el camino del otro, nos dio una segunda oportunidad. Recuerdo cuando
te vi la primera vez, después de 30 años. Cumplí mi sueño de que me miraras de
frente por primera vez (tu pensaste que yo iba a salir corriendo), yo solo
quería abrazarte y besarte. Amor, siempre estuve ahí a tu lado, no importa que
no supieras que yo estaba ahí, nunca estuviste, ni volverás a estar solo (aunque
haya distancia o estemos cerca).
Siempre quise hacerte una pregunta amor, ¿en qué o en quien
pensabas siempre que mirabas al cielo o al suelo, en esos años de la
secundaria, mientras yo trataba de hacerte notar lo enamorada que estaba de ti?
-Pensaba – me contestaste - ¿Por qué ninguna chica me amaba?
Pensaba en lo solo que me sentía.
Amor – te lo dije entonces y te lo vuelvo a repetir – nunca estuviste
solo todos esos años en la secundaria, yo estaba ahí, en frente, a un lado,
detrás, pensando en ti, siguiéndote los pasos, deseando que por un momento
dejaras de mirar al suelo o al cielo y me miraras. Apostaba que, desde esa
corta edad, podía hacer que te enamoraras de mí. Sólo me tomó 30 años.
Te amo, feliz cumpleaños.
Malú
martes, 22 de marzo de 2016
El chico malo en mi secundaria
El chico malo en mi
secundaria creía que no era popular.
La verdad es que todos
lo conocíamos, desde el primero al tercer grado, los profesores (aunque no
fueran sus profesores) y por supuesto los prefectos lo conocían. Era un chico
callado de mirada adusta y expresión enojada. Todos le teníamos cierto respeto,
guardábamos cierta distancia, no era que fuera agresivo o irrespetuoso, era que
infundía un sano temor a su alrededor, aun así se las arreglaba para tener un
grupo nutrido de amigos a los que cariñosamente maltrataba. Más de una ocasión lo vi sentado o de pie
afuera de la dirección o la prefectura esperando, algunas ocasiones lucía
desparpajado y sucio, otras ocasiones lucía impecable (así que supongo que no
siempre lo castigaban o reportaban por peleas), admito que un par de ocasiones
me ofrecí a llevar algún documento a la dirección sólo para probar lo que se
sentía que me mirara, pero nunca lo hizo. Era sencillo obtener los permisos,
después de todo siempre fui de los mejores promedios de mi salón, de mi
escuela, mascota de los maestros, disciplinada y estudiosa, abanderada en
algunas ocasiones y anfitriona de la ceremonia de los lunes, en los honores a
la bandera, del equipo de oratoria, teatro y poesía…una nerd.
Cuando él estaba esperando
castigo tampoco me miraba, de pie miraba arriba a las aulas o a la distancia,
cuando estaba sentado miraba al suelo, disgustado... Sólo una vez me miró de frente, fue por
accidente, fue una ocasión que lo topé de frente. Me miro de frente mientras
bajaba las escaleras rodeado de su grupo de amigos revoltosos, así que fingí
hacerme a un lado y agarrarme del barandal para que el grupo no me atropellara,
la verdad es que me miró y las rodillas se me doblaron. Hubiera dado cualquier
cosa por cruzar un par de palabras con él, tenía una voz maravillosa, gruesa,
de esas que tienen los chicos al cambiar su voz, lo escuché discutir, bromear e
incluso conversar, pero nunca cruce palabra con él. Nunca tuve valor para
saludarlo y él, pues creo que estaba con su mente en otras cosas. Era muy alto,
aún para lo altos que suelen ser los chicos en el norte del país, pero lo que
más recuerdo eran sus ojos. Tenía unos hermosísimos ojos color miel con
jaspeado en verde oliva. Sí, la nerd estuvo enamorada del chico malo de la
escuela, tres años…pero eso nunca fue a ningún lugar. Él nunca se enteró.
Después de la secundaria
terminé mi preparatoria en dos años, ingresé con un excelente promedio a la
facultad de medicina, de donde salí disparada unos semestres después para
terminar construyendo mi vida a 1800 kilómetros de mi ciudad natal. Me casé,
viajé, trabajé, tuve hijos y la vida que da muchas vueltas me devolvió a la
soltería, casi 30 años después y casi dos años después de mi divorcio me
contactaron a través de la bendita tecnología del whatsapp. Había olvidado a
muchos de los amigos a quienes hacía más de 26 años no había visto, algunos
nunca los volví a ver desde la
secundaria. Confieso que algunos nombres no me sonaron, pero era un grupo
divertido y nutrido, que podía acumular hasta 1200 mensajes divertidísimos en
un día. Estuve a punto de salirme del grupo ¿Quién tenía tiempo de leer 1200
mensajes en una tarde que no revisara su celular? Todos los días encontrábamos
amigos y se incorporaban excompañeros de todas las aulas, les dábamos la bienvenida
con vítores, porras y cotorreo.
Esa semana no pasó nada
extraordinario, solíamos usar los viernes para conversar hasta tarde sobre las
aventuras de cada quien por la vida, después de la secundaria. Esa noche
platicamos de la energía, del destino, las horas comenzaron a pasar y para la 1
de la mañana ya casi todos se habían ido a dormir, excepto Eduardo, un
compañero de quien no me acordaba su rostro porque estuvo en otro grupo los
tres años. Conversamos y resultó ser un padre de familia, separado y muy dulce,
extremadamente inteligente y con una conversación deliciosa. Hablamos de los
hijos y me confesó que tenía problemas para mandar a dormir a su pequeño hijo
de tres años ¿le cuento un cuento?-ofrecí (soy escritora y fui una mamá cuenta
cuentos extraordinaria, aunque mis hijas ya tenían 23 y 17 años). El pequeño
Lalito me grabó un mensaje. Me pareció extraordinariamente dulce. Pero no podía
recordar quien era Eduardo, aunque su apellido me sonaba familiar.
Entonces Eduardo y yo
conversamos en privado, me llamó y sentí un nerviosismo inicial extraño,
generalmente soy muy segura, y lo atribuí a la responsabilidad de poder dormir
al niño con un cuento vía telefónica. Eduardo me llamó y conversamos un momento
antes de contarle a Lalito un cuento. El cuento fue el patito feo y 20 minutos
después pude por fin contar fin. ¿Se durmió? – le pregunté a Eduardo…-a los 5
minutos – respondió…-¿y porque no me lo dijiste? – porque yo quería escuchar en
que terminaba el cuento del patito feo. – El corazón y el estómago me dieron un
vuelco y confieso que me sonrojó. Esa noche de viernes terminó a las 7 de la
mañana del sábado. Y la siguiente tarde terminó a las 9 de la mañana,
conversando de todo y de nada, no podía recordar quien era Eduardo, pero conversar
con él me hacía sentir feliz.
-No quiero colgar el
teléfono, le dije el lunes en la madrugada, pero sé que tienes que ir a
trabajar. – Entro a las 8, me quedan tres horas…me dijo.
No recuerdo que me haya
pedido ser su novia, no lo hubiera aceptado, soy una mujer de más de 40, las
mujeres de más de 40 se comportan como tal, no andan como adolescentes
“noviando”. Una tarde mi hija menor, que me vio por enésima hora pegada al
teléfono hablando con Eduardo me preguntó: -¿es tu novio?... - ¡No!..¡Si!..No lo
sé.
El lunes ya éramos algo.
Pero no podía recordar
quien era él y él no recordaba quien era yo. ¿y si no hay química física? – me
angustiaba pensar. Le expliqué ese temor ¿te importa lo físico? – Me
cuestionó…si es así ya perdí – me contestó. Esa respuesta me dejó fría…no podía
recordar quien era él. Así que le envié mis fotos y sin pedírselo me envió las
suyas. Y ahí estaba…unos 30 años mayor,
con la misma mirada dulce, ojos color miel y verde jaspeado. ..el chico malo de
la escuela. Observé un largo rato las fotos, recordé todo lo que sentí e
imaginé con él los tres años de secundaria…y sólo me tomó dos días y 30 años
coincidir y hacer conversación con él. Nos tomó 2 días y 30 años darnos cuenta
que estábamos enamorados.
El Miércoles (5 días
después de coincidir) me pidió que nos casáramos…Le dije que sí. No íbamos a
esperar otros 30 años para volver a coincidir.
13 días después de
encontrarnos nos vimos por primera vez, tomando en cuenta que nunca realmente
me miró en la secundaria, fue la primera vez que nos miramos con intención. Y
tal como le dije se me doblaron las rodillas lo que me dio pretexto perfecto
para rodear su cuello y darle ese primer beso que deseé por 13 días…y 30 años.
Malú Villarreal
sábado, 19 de septiembre de 2015
El hombre al final de la hilera.
Otra mañana tarde en el área de urgencias del hospital, esperando revisen a Cecilia que ya está en su 39.5 semana de gestación y Aura, mi nieta, no se decide a nacer. He pasado los últimos 5 días entrando y saliendo de la sala de espera de emergencias del hospital general y aunque parezca morbo, mientras esperaba angustiada que pasaran a mi hija a su revisión me dio por observar a las personas que entraban y salían de ahí.
Había un hombre de pie, al final de la hilera de sillas en la sala de espera. Parecía fastidiado, resignado a seguir esperando su turno para ser atendido. Una mujer reclamó la tardanza en la atención, vestía un hipil maya tradicional y lucía desmejorada.
-Tenemos reglas, señora - le dijo el hombre recepcionista - niños y mujeres embarazadas primero, o personas con dolor de pecho.
Como en los naufragios- pensé.
Había mujeres y niños en la sala, yo frotaba la espalda de Ceci para calmar un poco sus dolores de preparto. El hombre al final del pasillo lucía fastidiado. Traté de adivinar a qué habían acudido cada uno de los que estábamos ahí: una mujer con su niña discapacitada (tal vez un problema respiratorio o de temperatura, una infección), la mujer del hipil (probablemente hipertensión), una mujer mayor con gripa (no tuve que adivinar), y el hombre al final de la hilera de sillas. Tal vez era familiar de algún paciente y estaba esperando, tal vez habían traído a su esposa o algún familiar.
Noté las manchitas de sangre sobre su playera, estaban muy arriba para ser de alguien a quien hubiera cargado y entonces un hilo de líquido rojo comenzó a deslizarse por su cuello, primero era un hilito delgado luego se volvió como una soguita roja que comenzó a manchar su ropa. ¡Estaba sangrando! Tomé una toallita húmeda de la pañalera de mi hija, tome tres y me acerqué a ofrecérselas, el parecía estar más enfocado en estar furioso y fastidiado porque no lo atendían. Le extendí las toallitas y el me miró unos segundos desconcertado:
-Está sangrando – le dije tímidamente – mucho.
El hombre tomó las toallitas y limpió su cuello, pero la sangre seguía saliendo. Le indiqué al recepcionista sin hablar, el volteó a mirar al hombre un segundo, yo estaba en shock…y el recepcionista lo observó dos segundos como diciendo ¿y? Yo estaba en shock y el resto de la sala de espera. Pero la mujer de la caja y el recepcionista parecían aburridos, supongo que habrán visto cosas mucho peores.
La sala se llenó de un olor a sangre y el hombre se metió al baño a lavarse y tal vez buscar más papel. A mí me bajó la presión y me senté junto a Cecilia, ella tomó un respiro, estaba también en shock.
-Que pase primero que yo, mami – me dijo conteniendo la respiración entre una contracción y otra – yo aguanto, ese señor se está desangrando.
Pero supongo que las reglas son las reglas, llamaron a mi hija y por casi una hora la monitorearon en uno de los consultorios, no es que no esté agradecida con el hospital, pero el hombre con la cabeza rota estuvo de pie, a unos pasos de mí, limpiando su sangre (que no era poca) mientras pasaban a niños con calentura o mujeres con hipertensión, toda esa hora. Nos dieron de alta y el hombre seguía ahí.
Suponía que para que te atiendan en urgencias uno debía llegar inconsciente, convulsionando o desangrándose, pero ya vi que eso tampoco funciona. Ojalá que ese hombre esté bien.
Malú Villarreal
Tarea interminable (Tarde de perros).
Llegamos a las 10am al Hospital General para que revisaran a Cecy, la chica de recepción se había ido a algún sitio y estuvimos casi 15 minutos en fila para que nos pudieran dar una ficha para que nos atendieran de emergencia. Por fin la atendieron y nos sentamos a esperar noticias Había un albañil reparando la rampa de entrada a emergencias, la única puerta donde puede uno entrar o salir de la consulta de emergencia es por una rampa angosta y un albañil estaba picando el concreto y comenzó a hacer el vaciado y texturizado para dejarla como nueva.
Yo lo observé preguntándome como iba a lograr ese santo hombre mantener intacto el concreto con la cantidad de enfermos, familiares y empleados que salían de esa puerta cada minuto. Con el paso de los minutos la respuesta llegó y se volvió unas cuatro o cinco horas de una comedia al más puro estilo gringo, algo así como "el albañil contra todos", "la rampa del infierno" o algo al estilo "Tarde de perros".
Y es que muchos salían distraídos y no podían evitar resbalar, poner los pies y dañar el impecable alisado que el pobre albañil trataba de terminar, él no decía nada y volvía a alisar el tramo. Los que esperábamos afuera avisamos a los que iban a entrar con gritos y señas como si fueran a caer a un abismo, pero los que venían desde adentro de emergencias no tenían tanta suerte.
Hasta un paramédico dio una caída y resbalón batido de cemento tan acrobática y espectacular que todos gritamos, nos miramos y quisimos sacar unas cartulinas de calificación estilo olimpiadas. El albañil volvió a alisar la rampa sin decir una palabra.
Todos aconsejábamos, ponga tablas, pongan un aviso adentro, avisen a los que van saliendo y en ese momento abrieron la puerta y un niño asomó medio cuerpo, el padre evitó que derrapara sobre la rampa, pescándolo en el aire y entonces la criatura vomitó sobre la rampa, un vomito rosado, mucho, mucho vomito rosado, el padre desapareció de nuevo dentro del hospital con el niño y todos miramos al pobre artesano suspirar y alisar el concreto: ¡Usando el vómito!Cuando por fin había terminado de alisar y dar acabado a la rampa, colocó pacientemente tablas y obstáculos, cuando una mujer que salia de emergencias saltó los obstáculos tal vez preguntándose qué diablos hacían unas tablas en medio de la ramp...¡Cuas! sobre el cemento.
Todos guardamos silencio, el hombre de la cuchara se levantó, tiró al suelo sus instrumentos y se dio la vuelta, sin decir una sola palabra. Pensamos que se había dado por vencido después de 4 o 5 horas de pelear con todos, pero no. Pensamos que iba a regresar con una AKA - 47 y asesinarnos a todos, por la tarde de perros que le estábamos dando, pero no: Se fue a fabricar más mezcla y terminar su trabajo. La rampa por fin quedo con algunos pisotones menores de algunos niños pequeños, y el hombre pudo retirarse a su casa.
Vaya una lección de persistencia.
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