Tendemos a juzgar a la gente que está a nuestro lado a quienes amamos y que aparentemente nos aman, pero que cuando los necesitamos no están ahí disponibles para nosotros. Nos amargamos y sentimos que es una injusticia que nosotros siempre estemos ahí cuando nos necesitan y no haya reciprocidad. Resulta que el amor es precisamente eso, dar todo sin esperar nada a cambio, la responsabilidad que el amor genera no debe esperar retribución a cambio, es decir si damos nuestro tiempo, corazón y energía a otros no podemos hacerlo como quien espera que le paguen el favor, porque entonces realmente está movida por la necesidad de reconocimiento, el egoísmo, la soberbia o la arrogancia.
Sucede que algunas veces cuando necesitamos de alguien no está disponible o dispuesto, no debemos olvidar entonces que es o son seres humanos, con sus propias luchas y demonios, sus propias broncas y tristezas, sus egoísmos y arrogancias. O simplemente porque lo o la pescamos en un momento complicado o simplemente porque no tenían ganas de lidiar con otros demonios que no sean los propios.
Cuando amamos de verdad no podemos estar esperando que nos paguen el favor, la cortesía o esperar que no cometan un acto puntual de egoísmo. Pero ojo, también estamos en nuestro derecho de seguir adelante, dejar a los otros con esa parte incondicional de nuestro amor, mientras luchan con sus demonios, debemos seguir nuestro camino y no permitir que nos envenene la amargura y caigamos en una espiral descendente y muy tentadora de autocompasión y de autocomplacencia, diciéndonos cómo amamos y hacemos cosas por otros, y deambular flagelándonos por la vida, lamentándonos de ingratitudes y egoísmos… porque entonces corremos el peligro de volvernos víctimas profesionales, esas que justifican sus conductas negativas y egoísmos argumentando que la vida fue injusta, que nadie les ama, que están cansados de amar sin recibir nada a cambio. Si ese fuera el caso, no vale victimizarse, es mejor seguir adelante y proteger nuestro amor propio.
Quien ama de verdad brinda su amor sin esperar nada a cambio, y tiene la fortaleza para seguir su camino amándose a sí mismo sin arrepentirse de haberlo dado todo, de haber estado disponible para otros, de haber amado.
Malù Villarreal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario