Lo cierto es que el cariño, el
amor, el afecto, las muestras de ello, NUNCA deben ser retenidos en una
relación saludable de cualquier tipo (pareja, paternidad, filial). El asunto es
que nunca resulta bien soportar estas situaciones; si la otra persona continúa
reteniendo el afecto, es mejor construir un muro bien alto, mandarlos lejos con
su conducta enfermiza, abusiva y conservar la salud mental y emocional. No es
sencillo, porque nunca se pierde la esperanza de que la otra persona cambie, lo
cierto es que los retenedores emocionales no necesitan tanto del afecto de la
otra persona, son y no desean cambiar (o cambian por un rato), son una especie de
sádicos, una especie de vampiros emocionales controladores…no es fácil
deshacerse de ellos, pero no es imposible.
Malú Villarreal
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Malú de Balam Autora - Editora

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