El fenómeno es más complejo de lo
que pudiera creerse. No se trata de alguien aguantándose las ganas de insultar,
golpear o mandar a la chingada a otra persona o personas, la complejidad reside
en responder las preguntas: ¿Por qué no lo hace? ¿Por qué se contiene? Pareciera
que el implosivo es una persona insegura, pero generalmente no se trata de
personas pasivas, dóciles, o estúpidas. El implosivo justifica sus implosiones
diciéndose cosas como ¿qué caso tiene? “pierdo más enfrentándole”, “no estoy de
humor”, y los agresores por lo general confían o creen que el implosivo no se
da cuenta, no reacciona o no puede defenderse de la agresión.
Malú Villarreal
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Malú de Balam Autora – Editora

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