lunes, 27 de abril de 2015

Ser Transparente.

Mi padre me enseñó que existe gente de colores. Yo aprendí que existe, además de la gente de colores, tonos de transparente y de oscuridad.

Ser transparente es mantener la candidez de la infancia, sin esperar nada más que ser nosotros mismos. Ser transparente es ser auténtico, y mantenerse auténtico es más complicado de lo que parece. Creemos que para tener conexión y aceptación debemos reinventamos y “ajustar”. Se es transparente cuando se dicen las cosas de frente y como son, sin fingir el dolor o la felicidad, cuando se sufre abiertamente o se es feliz con toda el alma, incluso cuando se ama o se aborrece a alguien con intensidad, sin ánimo de ofender, con la candidez del niño y la inteligencia del anciano sabio.


De adultos estos sencillos extremos son casi imposibles de lograr (presiones sociales, traumas emocionales, crianza, nuestros prejuicios) y entonces nos ocultamos. Estamos tan enfrascados esperando aceptación de otros, que nos inventamos historias, logros o incluso vidas completas para ocultarnos detrás, en la oscuridad. Irónico es que, a pesar de lo difícil o angustiante que es intentar serlo, es liberador decirle a alguien que se está sufriendo, que se le ama con toda el corazón o que se le aborrece desde el fondo del alma, sin temer a parecer débiles, pues se requiere muchísima fuerza interior para ser transparente, siempre es más sencillo ocultarse en la oscuridad. 

Malú Villarreal
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Malú de Balam Autora - Editora

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