Mi padre me enseñó que existe gente
de colores. Yo aprendí que existe, además de la gente de colores, tonos de
transparente y de oscuridad.
Ser transparente es mantener la candidez de la
infancia, sin esperar nada más que ser nosotros mismos. Ser transparente es ser
auténtico, y mantenerse auténtico es más complicado de lo que parece. Creemos
que para tener conexión y aceptación debemos reinventamos y “ajustar”. Se es
transparente cuando se dicen las cosas de frente y como son, sin fingir el dolor
o la felicidad, cuando se sufre abiertamente o se es feliz con toda el alma,
incluso cuando se ama o se aborrece a alguien con intensidad, sin ánimo de
ofender, con la candidez del niño y la inteligencia del anciano sabio.
De adultos estos sencillos extremos son casi
imposibles de lograr (presiones sociales, traumas emocionales, crianza,
nuestros prejuicios) y entonces nos ocultamos. Estamos tan enfrascados
esperando aceptación de otros, que nos inventamos historias, logros o incluso
vidas completas para ocultarnos detrás, en la oscuridad. Irónico es que, a
pesar de lo difícil o angustiante que es intentar serlo, es liberador decirle a
alguien que se está sufriendo, que se le ama con toda el corazón o que se le
aborrece desde el fondo del alma, sin temer a parecer débiles, pues se requiere
muchísima fuerza interior para ser transparente, siempre es más sencillo
ocultarse en la oscuridad.
Malú Villarreal
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Malú de Balam Autora - Editora
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