jueves, 19 de marzo de 2015

Las enseñanzas de mi abuela Ernestina2: Atrévete a intentarlo…no te quedes observando a la distancia preguntándote…¿y si hubiera?

Razonándolo últimamente, ahora se de dónde saque esa idea de “nunca te quedes con las ganas de hacer que realmente desee tu corazón (algunas veces estúpido, no peligroso). Mi abuela era increíble, me enseñó a medir el riesgo y a arriesgarme controlando el miedo (nunca a ponerme en peligro).

A una cuadra y media de casa de mi abuela estaba el Club de Leones, casi cada fin de semana se organizaban bailes suntuosos, de lejos veíamos llegar los carrazos, la gente vestida con sus mejores ropas, con grandes cajas de regalos. Mi abuela se sentaba con nosotros en la enorme piedra rectangular que hacía las veces de banca en la calle.

Mi hermano y yo, y los cuatro primos a cargo de mi abuela (de mi fallecida tía Dorita – la bebé se quedó al cuidado de su abuela paterna en Estados Unidos) éramos unos 6 niños en total, entre los 12 y los 5 años, y fin de semana tras fin de semana nos sentábamos a admirar a los fiesteros del Club de Leones.

-¿Quieren ir mi´jos a la fiesta? – preguntó una tarde mi abuela

-¡¡¡¡¡Siiiiiiiiii!!!! – respondimos al unísono la chiquillada

-Vamos a ir al próximo baile, ya van a ver. Tráiganse sus ropitas buenas – nos instruyó. Así que le dijo a nuestros padres que la habían “invitado” a una boda de la hija de la amiga de una compañera de sus tardes de cartas…y que nos iba a llevar esa noche.

Ninguno de los adultos sospechó de los planes de mi abuela.

Nos presentamos con nuestros vestidos y ropita de fiesta en casa de mi abuela, a lo lejos comenzaban a llegar los carros y la gente elegante. Mi abuela tenía una caja de regalo enorme en su escritorio del zaguán, toda forrada para boda.

Nos encaminamos con ella al club de leones, una viejecita dulce, con una cajota de regalo y 6 chiquitos todos entacuchados, llegamos a la puerta y el vigilante nos pidió la invitación, adentro estaba llenísimo.

-Permíteme hijo – y le entregó el regalote al guardia, para buscar en su bolso, luego se esculcó los bolsillos del abrigo y se dirigió a nosotros

-¿No vieron la invitación niños? – nos pregunto angustiada

-¡¡¡No agüeliiiita!!! – respondimos igual de angustiados

-¡Dios mío si juro que la traía aquí en mi bolso! – miró angustiada al guardia – mientras miraba con ojos de sufrimiento a los 6 chiquillos arregladitos con ojos llorosos

-Pásele señora, descuide – dijo el guardia mientras le entregaba el regalote (quien iba a sospechar que una viejecita y seis niñitos eran la banda de Al Capone y se estaban metiendo de “colados” sin haber sido invitados)

-Gracias hijo, no sé que iba a hacer con este regalote y mis niños, con lo lejos que vivimos! – y se le pusieron llorosos sus ojitos, y el guardia también se le pusieron vidriosos de llanto sus ojitos (¡y el oscar va para mi agüelita!)

Esa noche bailamos, comimos pastel, bailamos la víbora de la mar, nos fotografiamos con los novios y la familia (aún estarán preguntándose quienes éramos), mi abuela le llevó su regalo (unas ollas) a la novia (si le dio su regalo), por permitirnos “colarnos” a su boda, y no quedarnos con las ganas de hacer algo atrevido…

Mi abuelita me enseñó que algunas cosas vale la pena intentarlas….y no quedarse mirando desde la distancia, preguntándote como sería…(mientras no te pusieras en peligro)…

Malú Villarreal
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Malú de Balam Autora - Editora

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